Este movimiento ocurre en paralelo a la reconfiguración interna de la Fiscalía. Díaz Rogel ejecutó una limpia profunda, retirando a servidores cuestionados y tomando una de las decisiones más contundentes de su gestión: eliminar por completo la Vicefiscalía Anticorrupción, un cargo que durante años se utilizó como plataforma política y foco de corrupción.
Entre las figuras que salieron destaca Édgar Rodolfo Núñez Urquiza, ex vicefiscal y personaje envuelto en múltiples señalamientos públicos: corrupción, fabricación de delitos, extorsión, incumplimiento de obligaciones alimentarias, abandono de hijos y usurpación de funciones. Su nombre se volvió sinónimo de abuso de poder y redes oscuras dentro del sistema. Su salida fue interpretada como la fractura definitiva de un viejo esquema de impunidad.
Con la eliminación del puesto y la depuración institucional, Díaz Rogel blindó la FECC: menos jerarquías, menos espacios para la manipulación interna y mayor control directo. Todos estos cambios ocurrieron mientras el titular anunciaba que las investigaciones contra personal del TSJ siguen avanzando, protegidas por secrecía, pero activas.
El escenario en Morelos es de alerta máxima:
Un Poder Judicial bajo investigación.
Un cuerpo fiscal completamente reestructurado.
La caída del ex vicefiscal más señalado de la última década.
La desaparición del cargo que permitió prácticas cuestionables.
Y un fiscal anticorrupción ejecutando decisiones sin temblarle la mano.
Este terremoto institucional confirma que la nueva FECC no está para simular. Está para romper estructuras, exponer prácticas y hundir a quien tenga que hundir.

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